Cuestiones éticas del voluntariado independiente

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Acabo de aterrizar en Madrid tras pasar tres semanas en Atenas, en las cuales he intentado ayudar a los refugiados que viven en las squats, que son los ocho grandes edificios ocupados. En su interior las condiciones de habitabilidad son por lo general muy precarias, y los derechos básicos no están garantizados. Estas personas han sido olvidadas por el gobierno griego, desbordado ya por su propia situación económica. La Unión Europea mira para otro lado, dejando que Grecia malgestione la situación, mientras miles de personas se hayan inmersas en una total desesperanza, sin ningún control sobre sus vidas, y tienen que resignarse a ver cómo sus niños y jóvenes se quedan sin futuro. Y lo peor es que ya no se trata de ninguna emergencia humanitaria, sino de una situación que se está comenzando a cronificar y normalizar, sin ningún indicio de que nadie vaya a hacer nada para cambiarlo.

Fui para allá con algunos objetivos en la cabeza, como crear un grupo de psicólogos que buscásemos personas que necesitasen ayuda psicológica y ponerlos en contacto con psicólogos de la zona, explorar qué recursos de atención psicosocial hay a disposición de los refugiados, crear algún tipo de red para que los psicólogos que lleguen a Atenas puedan incorporarse con facilidad al proyecto, y realizar talleres de gestión emocional para los voluntarios. Desde luego lo que tenía claro es que no íbamos a hacer intervención psicológica más allá de la psicoeducación, ya que no sería responsable abrir procesos que no fuésemos a estar allí para cerrar. Y la verdad es que, pese a todas las dificultades, el caos que reina y los choques culturales, puedo decir que estoy muy satisfecha con el trabajo que hemos hecho allí y que me siento muy agradecida por todo lo que he aprendido de las personas junto a las que he tenido la suerte de trabajar. Para psicólogos clínicos u otros profesionales similares recomiendo la Guía para la Intervención Psicológica con Inmigrantes y Refugiados del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (1).

A lo largo de mi estancia allí se me fueron planteando una serie de dilemas éticos, y he decidido exponerlos en este texto por si con ello puedo ayudar a crear una mayor conciencia sobre la responsabilidad de los voluntarios independientes. Yo misma fui como voluntaria independiente, y reconozco la valiosísima labor del resto de compañeros que han demostrado tener un corazón enorme, pero creo que a veces por desconocimiento o falta de experiencia incurrimos en errores, de cuyas consecuencias ni siquiera somos conscientes (y me incluyo sin ningún pudor). Espero que esta autocrítica resulte constructiva.

En primer lugar, quiero decir que el tener muy claro el código deontológico del psicólogo me ha supuesto una ayuda muy grande para después construirme unos principios a los que aferrarme ante mi labor como voluntaria. Porque aunque no sea lo mismo, el voluntariado supone una relación de ayuda entre dos personas, en la que inevitablemente no hay simetría porque uno ayuda y el otro es ayudado, uno es blanquito, con una vida más o menos resuelta y con papeles, y el otro se encuentra en una situación de vulnerabilidad muy complicada.

Y en segundo lugar, quiero agradecer a los compañeros con los que he compartido esta experiencia que me han aportado distintas visiones, como el hecho de cuestionar incluso la palabra “voluntario”, dado que es una etiqueta muy útil para distinguir voluntarios de refugiados en el frenesí del trabajo del día a día, pero que supone también hacer una discriminación algo paternalista, ya que es como decir que estás por encima de la otra persona a la que ayudas. Yo personalmente emplearé este término por pragmatismo, aunque comprendo los inconvenientes que conlleva. No me quiero meter tan en detalle, pero con este ejemplo quiero poner en valor la importancia de cuestionarse los propios principios hasta la raíz cuando uno se enfrenta a una situación tan complicada,  de diferencias culturales, emergencia humanitaria y caos, mucho caos. Seré breve.

Los voluntarios independientes tienen la ventaja de poderse meter allí donde las ONG’s no llegan o no son bien recibidas. El movimiento okupa tradicional griego es muy crítico con las ONG’s, y los refugiados en muchas ocasiones tampoco se fían debido a las muchas experiencias negativas que han tenido o por las diferencias de opinión sobre cómo se deben organizar las cosas. En este punto me gustaría resaltar que Médicos Sin Fronteras está encarando la situación de una manera muy respetuosa y eficaz.

La desventaja es el desorden y la falta de experiencia y profesionalidad. Aconsejaría a los voluntarios que antes de ir se informen bien de qué proyectos hay ya en marcha, tanto por parte de los colectivos griegos que llevan años trabajando codo con codo con los migrantes y refugiados, como por parte de otros voluntarios independientes de otros países (la mayoría españoles… o del estado español… apelo de nuevo al pragmatismo, con perdón), o incluso de las numerosas ONG’s que hay trabajando en la zona, si estáis de acuerdo con su manera de trabajar. Hay mucho enfado en algunos colectivos griegos hacia los voluntarios de otras nacionalidades que se ponen a intervenir sin preguntar qué se estaba haciendo ya allí, y tienen su parte de razón.

He podido ver que hay mucho solapamiento en el trabajo de los diversos agentes que intervienen y falta de coordinación. Los griegos desconfían de los españoles, los voluntarios de las ONG’s y viceversa, etc. Se dan incluso situaciones graves en las que, por puro desconocimiento, en vez de remitir a una persona enferma a las urgencias de un hospital público griego, se pierde un tiempo valiosísimo en dar vueltas buscando a algún voluntario español que sea médico, lo cual sobra decir que es absurdo e incluso peligroso. No debemos actuar de manera tan independiente que ignoremos la existencia de un sistema nacional de salud que, pese a lo mal que funciona (todo sea dicho), está ahí para atender a los refugiados.

Otra cuestión que me parece muy importante abordar es lo dañino que puede ser para los refugiados el que los voluntarios vayamos a “darles todo nuestro amor”. No quiero herir a nadie, porque sé que todos los que hemos ido a ayudar lo hemos hecho con la mejor de nuestras intenciones, pero pido que se haga un poco de reflexión al respecto. Las personas refugiadas se encuentran en una situación de altísima vulnerabilidad emocional, económica, social, etc. Y no estoy diciendo que se deba interactuar con ellos con frialdad; somos todos seres humanos y en sus circunstancias una mínima muestra de apoyo, afecto y solidaridad puede ser muy sanadora y reconfortante. Pero no debemos olvidar que estamos de paso y que esta gente ha sufrido ya muchas pérdidas. Aconsejo que se haga un poco de reflexión sobre cuánto tiempo pensamos permanecer junto a esa persona, a la hora de crear un vínculo muy fuerte con fecha de caducidad.

Al igual que en cuestiones de infraestructura y logística se persigue el objetivo de la autonomía y autogestión (que se organicen ellos para limpiar, cocinar, etc.) porque no tiene sentido que lo hagan todo los voluntarios y que las squats estén limpísimas el mes de agosto y sean una porquería el resto del tiempo, los mismos principios se deben extrapolar a la autogestión emocional: se deben fomentar los vínculos entre personas que vayan a estar ahí. Es más fácil hacerse el mejor amigo de un voluntario que está ahí dispuesto a darte todo su amor, pero es más interesante que construyan lazos más duraderos y que no les estemos retraumatizando constantemente con abandonos cada semana, especialmente a los niños. Igual que cuando trabajas como monitor en un campamento en España juegas con los niños y les tratas con cariño, pero no te conviertes en su figura de apego de referencia porque eso sería dañino; pues aquí igual. También soy bastante crítica con el hecho de compartir fotos de niños en las redes sociales: si en España necesitas el consentimiento de los padres, y mucha gente opina que es mejor no publicar fotos de niños, etc., pues el mismo respeto se debería tener con ellos.

En cuanto a los adolescente y jóvenes, creo que no es sano que su vida social consista en merodear a las voluntarias, porque eso les está quitando tiempo de crear otro tipo de relaciones más significativas y estables, lo cual es vital dado que la situación ha dejado de ser una emergencia humanitaria para convertirse en algo más crónico. Esta gente va a estar en estas condiciones mucho más de lo que se imaginan, y eso es muy duro de asimilar.

Y en este punto surgen dos cuestiones muy importantes:

Por una parte, el tema del estrés postraumático: es sano que las personas puedan hablar de sus vivencias, y la mayoría de los refugiados tienen mucha necesidad de ser escuchados. Pero tenemos que tener en cuenta varios aspectos. De los principios deontológicos de la psicología es muy conocido el derecho al secreto profesional, pero es menos conocido el derecho a la intimidad: no preguntar lo que no necesitamos saber, no preguntar por morbo. Y esto tiene un sentido, porque la persona se puede retraumatizar al contar tantísimas veces su historia a personas que casi ni conoce, o se puede convertir en su manera de interactuar o de llamar la atención (cuando cuento que han matado a toda mi familia tengo a un voluntario a mi lado boquiabierto durante dos horas); todos necesitamos llamar la atención, sobre todo cuando has vivido lo que ellos han vivido, pero hay maneras más sanas de hacerlo. Además los voluntarios pueden quemarse emocionalmente o incluso padecer estrés postraumático por escuchar tantas historias traumáticas. Hay que cuidar del que cuida.

De nuevo, no estoy diciendo que haya que ser de piedra o no escuchar a nadie, pero es importante que cuando escuchemos tengamos en cuenta estas cuestiones y que nos autoobservemos: ¿Cuántas historias terribles he escuchado hoy? ¿Qué tal las estoy digiriendo?  ¿Necesito hablar de ello con alguien o darme un paseo? ¿Necesito tener esa información para ayudar a esta persona? Por ejemplo, se nos presentó el caso de un hombre que había sufrido torturas muy graves. En otras circunstancias yo no hubiese preguntado más, pero resulta que Médicos Sin Fronteras tiene un servicio de ayuda específico para víctimas de tortura, de modo que tuvimos que entrar en el tema porque en este caso sí que era necesario saber para que esta persona se beneficiase de estas ayudas. Pero lo hicimos porque éramos dos psicólogas con la formación necesaria, que habíamos buscado un momento y lugar apropiados para hablar del tema, con un traductor de árabe. Sabíamos cómo abrir el tema, en qué grado era apropiado profundizar, cómo dejarlo cerrado antes de irnos y cómo cuidarnos nosotras después de haber oído una historia así.

La segunda cuestión que quiero abordar es el etnocentrismo. Estas personas que están llegando a Europa provienen de una cultura muy distinta a la nuestra, incluso con los griegos tenemos que tener en cuenta las diferencias culturales. Y aunque es cierto que los refugiados tendrán que integrarse si van a vivir en Europa, por el momento estas personas que lo han perdido todo el único sitio al que pueden llamar hogar son estas squats en las que malviven. Y por ese motivo cuando entremos en ellas deberíamos actuar como quien entra en la casa de alguien que es de otra cultura: eres respetuoso en la forma de hablar, de vestir, te quitas los zapatos, etc.

Yo al principio era reticente en cuanto a cambiar mi manera de vestir, dado que me considero feminista y no creía que debiera taparme cuando en Atenas hacía un calor infernal. Pero al llegar allí me di cuenta de la de tensiones que añadimos al ya tenso ambiente que hay, por la cabezonería de no adaptarnos un poco. Un día entran una voluntarias con poca ropa en la habitación de unos solteros y al día siguiente resulta que los hombres casados se habían peleado con los solteros, los solteros entre ellos por ver quién se arrima más a las voluntarias, las mujeres ni nos hablan, la confianza que habías luchado por establecer se había ido al carajo… y estas voluntarias igual estaban ya de vuelta en España con la autoestima un pelín más alta por lo mucho que habían ligado en Atenas. Sé que soy muy brusca y directa diciendo las cosas, pero me parece que la gravedad del asunto lo requiere. Creo que es muy importante tener claro los objetivos con los que

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uno hace un viaje así, tener las prioridades bien claras y poner siempre todo en tela de juicio. Y si no estás dispuesto a hacerlo mejor no vayas, porque vas a entorpecer más de lo que vas a ayudar. No son unas vacaciones, y no puedes pretender venir a inculcar el amor libre occidental en unas personas cuya idea del amor es muy diferente y cuya situación emocional es de muchísima vulnerabilidad. Los chavales jóvenes, por muy duros que aparenten, tienen su corazoncito. Y les he visto tatuarse el nombre de una voluntaria, tener crisis convulsivas conversivas cuando la voluntaria se va, perseguirlas obsesivamente por la ciudad, etc.

Otra forma de expresión de nuestro etnocentrismo que he observado es el llamarle “mafia” a lo que no entendemos y no nos gusta. Por una parte les insistimos en que tienen que autogestionarse, y cuando lo hacen les llamamos mafia. Está claro que cuando repartes las provisiones de ayuda humanitaria hay siempre una parte que se “extravía”, y que lo ideal sería que el reparto fuera justo y que nadie se beneficiase personalmente de ello. Pero si vas a estar ahí dos semanas no te lances a desmantelar un sistema, que por muy injusto que sea, al menos funciona. Y es esa estructura la que permanece cuando los voluntarios vuelven a sus casas, la que ha abierto las squats, la que asegura un suministro constante que no depende de que llegue un día un voluntario con una furgoneta, la que interviene cuando hay peleas, etc. Y que conste que no les estoy defendiendo ni justificando. Ojalá no estuvieran allí. Lo que digo es que o te comprometes a estar ahí y organizas una alternativa estable, o no te pongas a sembrar el pánico diciendo que es todo una mafia. Y por ello quiero alabar el enorme esfuerzo que han realizado muchas voluntarias para gestionar este sistema alternativo del que hablo, buscando conexiones entre gente que vive allí con el almacén de donaciones de SOS Refugiados en Elenikos para que cada vez sea menos necesaria la presencia de estos personajes.

Seguir el código deontológico de tu profesión o tus propios principios morales cuando todo a tu alrededor es un caos es muy complicado, y me he visto en situaciones que en España no hubiese permitido que ocurriesen. Por ejemplo, aunque en un principio nos habíamos propuesto no hacer ninguna intervención psicológica, nos surgió un caso de una chica que nos pidió ayuda porque estaba pensando en abortar, pero no se decidía y se le estaba acabando el tiempo. De modo que tuvimos una sesión con ella en la cual le ayudamos a tener más clara su propia postura, sus emociones, las posibles consecuencias, etc. Pero luego por la noche me la encontraba en el mismo círculo de personas con las que me estaba tomando una cerveza, lo cual es mezclar demasiado las cosas, pero tampoco puedes llegar y pretender que los voluntarios vayan por un lado y los refugiados por otro porque ahí estarías discriminando a unas personas por su origen o por sus circunstancias. Así que decidí tomarme esa cerveza y procurar no intimar demasiado con aquellos con los que tuviese una relación de ayuda. Está claro que seguir las normas al pie de la letra es muy complicado, pero debemos procurar seguirlas en la medida de lo posible por el respeto a la dignidad de estas personas a las que pretendemos ayudar.

Por último, me gustaría hacer una reflexión sobre la humildad; una humildad que por suerte he podido observar en la mayoría de las personas que han venido a ayudar. Porque no se trata de ir a hacer grandes cosas o a ser el salvador de nadie. Sino de aportar un pequeño grano de arena, sin más. De hecho, es más importante la función que hacemos como testigos de esta barbarie, que ya se está comparando con el holocausto nazi y en muchos ámbitos ya se habla de tercera guerra mundial, que lo que podamos haber aportado allí. Por ello, hago un llamamiento a la reflexión, a procurar hacer el mínimo daño posible con nuestra presencia allí, a transmitir a estas personas que el mundo sabe de su existencia y que nos preocupan, nos importan… Y como ha dicho recientemente Francesc Mateu, director de Oxfam Catalunya, en una entrevista que se ha hecho muy popular entre los voluntarios independientes “Si vas a Grecia y te cambia la vida pero vuelves y no te integras en una plataforma de lucha para que el Gobierno español cambie su estrategia migratoria no has entendido nada” (2).

Por: Cristina Agulló Coloma

(1)  Enlace de la Guía para la Intervención Psicológica con Inmigrantes y Refugiados: https://www.google.es/url?sa=t&source=web&rct=j&url=https://www.ucm.es/data/cont/docs/31

5-2016-06-02-

g.refugiados_PDF.pdf&ved=0ahUKEwiW1PGj8onPAhUCuRQKHVmKASAQFggbMAA&us g=AFQjCNHUrvCVt6O8e6xv9EexQioJn7NiQA&sig2=5ClYzlr1NFhlsUWHJUkXFw

(2)  Enlace de la entrevista a Francesc Mateu:

http://www.lavanguardia.com/vida/20160827/404219908561/entrevista-francesc-mateudirector-oxfam-intermon-catalunya.html

Imagen: https://goo.gl/Zp7xEk  

Imagen: https://goo.gl/30cS3W

2 comentarios en “Cuestiones éticas del voluntariado independiente

  1. María Jesús Delgado

    Hola, me ha encantado la estructura de la historia, y las cosas que son, son. Coincido plenamente con lo que explicas, es de un sentido común apabullante.
    Te felicito por todo, el artículo, la llamada de atención, y sobretodo por haber mantenido la integridad, ser profesional y haber hecho una labor interesante, de la que has sacado tan buen aprendizaje.
    Y muchas gracias por los consejos,
    Un saludo y feliz semana, C.Agulló.

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